Opinión:
En torno al contenido del
Museo del Mesón de La Dolores


Cuénteme Usted por Mª Carmen Fernández de Bañeres

Según el diccionario de la Lengua española, Museo es aquel lugar donde se conservan y exponen las cosas notables concernientes a una ciudad, época, personajes, etc...
Pues bien, en este caso concreto el Museo que vamos a contemplar está situado en nuestra ciudad, en el corazón del casco antiguo bilbilitano, concretamente en lo que en otro tiempo fueron caballerizas y sótanos del Mesón de San Antón.
Ha sido preciso sanear estas caballerizas sin grandes renovaciones, pues los museos como norma, deben de conservar la "vitola" del tiempo y albergar en su interior aquellas cosas que nos hablan en este caso de un personaje y su entorno.
No tenemos ningún retrato del personaje clave, -La Dolores- pero sí del personaje creado por Felíu y Codina para la representación teatral del drama de la mesonera aragonesa.
¿Se parecería Dolores Peinador Narvión a la actriz que la representó en el teatro? Esto no importa para nada.
Sabemos que hay una partida de bautismo, una de casamiento, documentos del nacimiento de sus hijos, etc., etc., y allí están expuestos, en las paredes del Museo para todo el que llegue con tiempo y quiera leerlos.
Ahora bien, querido amigo Antonio, no creo que sea preciso limitar al visitante a leer y contemplar documentos exclusivamente. Bien es verdad que resulta más ortodoxo seguir esta trayectoria que distraer la vista con objetos sin sentido. pero al personaje si se le rodea de objetos de su entorno sin salirse de esa época y siempre con un interés sobradamente justificado creo que merece la pena y justifica más la visita al Museo.
Por ejemplo y sin salirnos de ese entorno, siempre comento, que no estaría de más hacer homenaje al traje regional aragonés intentando conseguir unas ropas apropiadas, unas figuras o maniquíes en torno a un hogar bajo sentados en la caldera, etc., etc.
Las cosas bellas siempre que no sean disparatadas y respondan a la época y entorno del personaje celebrado vienen a complementar el interés del museo.
Lo que yo creo no debe admitirse son, objetos anacrónicos que puedan perturbar el entorno del siglo XIX. Hoy por hoy no veo ninguno aunque considero que sobra más de un "trasto" incómodo y peligroso para el visitante. Por ejemplo no podía llevarse aquella cama a un lugar apartado? Es un trasto feo y antiestético. Pero admito que la urna del niño Jesús de Praga ocupe un lugar más preeminente, pues las devociones del siglo XIX bien pudieran ser objeto de culto de esta mujer aragonesa que aunque llena de críticas no dejaría de tener sus devociones y llevar al pecho una medalla de la Virgen del Pilar o un Cristo con una cintilla de terciopelo negro, etc., etc. ¿Por qué no podría tener en su habitación una urna con un niño Jesús?
Por eso cuando queremos limitar el Museo a un solo personaje yo pienso que sí, que está muy bien siempre que en él pueda contemplarse también el entorno, un entorno bello, artístico y dentro de las cosas más estrictas de la época.
En cuanto a ese conjunto de armas que deberá encerrarse en aquella vitrina vacía e iluminada y que no sabemos cuando llegarán también tiene un fundamento, pues si corresponden a los tiempos de las Guerras Carlistas, en la época "La Dolores" y al comienzo aparecen unos militares que vienen de la guerra al frente de un apuesto oficial.
De una forma o de otra, embellecer, cubrir espacios y organizar de vez en cuando el Museo debe de ser una norma esencial para que con cosas nuevas pueda seguir siendo el vivero de interés local y nacional.
Todavía cabe mucho siempre que lo que se exponga tenga interés para el visitante y no sea anacrónico, feo y disparatado.

LA COMARCA, 19 de octubre de 2001